UN CACTUS ENAMORADO

Era un sueño de un cactus solitario sin amor ni ilusión,

Una mañana cuando el  sol nacía

divisó en la cima una princesa,

una retama en flor en mes de mayo

cuya beldad lo convirtió en cautivo.

Él, vestido de espinas y de alma huraña

ella delicada, fina,  de singular belleza

de sonrisa tierna y  de dulce  mirada,

un rayo despertó a la princesa

muy  felices vivieron  su delirio.

y volvió a mirar con otros ojos

Pero una tarde de negros nubarrones

y todo el amor que había florecido

se marchitó en ese mismo instante.

Hoy el cactus la espera en el paraje

hasta ver marchitado su pellejo,

porque ese amor por el cual vive y muere

es el único sustento de su vida.

Aunque pase invierno tras invierno

él nunca ha perdido la esperanza

de sentir su piel y su fragancia

La espera y sólo dejará de amarla

y no podrá morir sin ver de cerca

a esa flor que es su  amor imposible.

cuando su sabia seque y solo quede

un tronco seco en aquella ladera

y al cielo parta el alma enamorada.

HABÍA UNA VEZ…

Había una vez dos monjes que caminaban por el bosque de regreso al monasterio. Cuando llegaron al río, una mujer lloraba en cuclillas cerca de la orilla. Era joven y atractiva.
– ¿Qué te sucede? – le preguntó el más anciano.
– Mi madre se muere. Ella está sola en su casa, del otro lado del río y yo no puedo cruzar. Lo intenté – siguió la joven – pero la corriente me arrastra y no podré llegar nunca al otro lado sin ayuda… pensé que no la volvería a ver con vida. Pero ahora… ahora que aparecisteis vosotros, alguno de los dos podrá ayudarme a cruzar…
– Ojalá pudiéramos – se lamentó el más joven -. Pero la única manera de ayudarte, sería cargarte a través del río y nuestros votos de castidad nos impiden todo contacto con el sexo opuesto.
Está prohibido… lo siento.
– Yo también lo siento – dijo la mujer y siguió llorando.
El monje más viejo se arrodilló, bajó la cabeza y dijo:
– Sube.
La mujer no podía creerlo, pero con rapidez tomó su atadito con ropa y montó a horcadas sobre el monje.
Con bastante dificultad el monje cruzó el río, seguido por el otro más joven.
Al llegar al otro lado, la mujer descendió y se acercó en actitud de besar las manos del anciano monje.
– Está bien, está bien – dijo el viejo retirando las manos -, sigue tu camino.
La mujer se inclinó en gratitud y humildad, tomó sus ropas y corrió por el camino al pueblo.
Los monjes, sin decir palabra, retomaron la marcha al monasterio.
…. Faltaban aún diez horas de caminata.
Poco antes de llegar, el joven le dijo al anciano:
– Maestro, vos sabéis mejor que yo de nuestro voto de abstinencia. No obstante, cargaste sobre tus hombros a aquella mujer todo el ancho del río.
-Sí, yo la llevé. Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás, pero qué pasa contigo que todavía la estás cargando sobre tu cabeza?

Y tú… ¿qué cargas?

A veces cargamos con el pasado, la culpa, el resentimiento, etc. Cargamos con tantas cosas, tan grandes y pesadas, que caminamos encorvados, dejando de ver todo lo positivo que hay a nuestro alrededor. Todos podemos tener una vida mejor. Libérate de las cadenas que te mantienen atrapado. Suelta esos metales pesados de tu mente que personifican esos agregados psicologícos, el ego que nos tiene embotellados en las penumbras del sufrimiento. Aprende a soltar, a dejar ir y vivamos el momento, aquí y ahora!

HABÍA UNA VEZ…

Dos monjes y una mujer”

Había una vez dos monjes que caminaban por el bosque de regreso al monasterio. Cuando llegaron al río, una mujer lloraba en cuclillas cerca de la orilla. Era joven y atractiva.
– ¿Qué te sucede? – le preguntó el más anciano.
– Mi madre se muere. Ella está sola en su casa, del otro lado del río y yo no puedo cruzar. Lo intenté – siguió la joven – pero la corriente me arrastra y no podré llegar nunca al otro lado sin ayuda… pensé que no la volvería a ver con vida. Pero ahora… ahora que aparecisteis vosotros, alguno de los dos podrá ayudarme a cruzar…
– Ojalá pudiéramos – se lamentó el más joven -. Pero la única manera de ayudarte, sería cargarte a través del río y nuestros votos de castidad nos impiden todo contacto con el sexo opuesto.
Está prohibido… lo siento.
– Yo también lo siento – dijo la mujer y siguió llorando.
El monje más viejo se arrodilló, bajó la cabeza y dijo:
– Sube.
La mujer no podía creerlo, pero con rapidez tomó su atadito con ropa y montó a horcadas sobre el monje.
Con bastante dificultad el monje cruzó el río, seguido por el otro más joven.
Al llegar al otro lado, la mujer descendió y se acercó en actitud de besar las manos del anciano monje.
– Está bien, está bien – dijo el viejo retirando las manos -, sigue tu camino.
La mujer se inclinó en gratitud y humildad, tomó sus ropas y corrió por el camino al pueblo.
Los monjes, sin decir palabra, retomaron la marcha al monasterio.
…. Faltaban aún diez horas de caminata.
Poco antes de llegar, el joven le dijo al anciano:
– Maestro, vos sabéis mejor que yo de nuestro voto de abstinencia. No obstante, cargaste sobre tus hombros a aquella mujer todo el ancho del río.
-Sí, yo la llevé. Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás, pero qué pasa contigo que todavía la estás cargando sobre tu cabeza?

Y tú… ¿qué cargas?

A veces cargamos con el pasado, la culpa, el resentimiento, etc. Cargamos con tantas cosas, tan grandes y pesadas, que caminamos encorvados, dejando de ver todo lo positivo que hay a nuestro alrededor. Todos podemos tener una vida mejor. Libérate de las cadenas que te mantienen atrapado. Suelta esos metales pesados de tu mente que personifican esos agregados psicologícos, el ego que nos tiene embotellados en las penumbras del sufrimiento. Aprende a soltar, a dejar ir y vivamos el momento, aquí y ahora!

EL PINO Y LA ROSA.

“A long long time ago” 🎶

Hace muchos años, en un bosque vivía un enorme pino….
Al cabo del tiempo, un hombre planto un rosal debajo de el…
Y floreció una hermosa rosa…..
La mas bella del lugar….
Pero un día del pino cayeron unas gotas de resina, y mancharon su tallo y un petalo….
La rosa se enfadó mucho y le dijo al pino cosas innombrables
Y así fue durante tiempo…
Un día en plena noche, cuando la rosa dormía, el pino se alejo de su lado…
Al día siguiente, al despertar, la rosa vió que estaba sola….
Y se puso muy contenta….
Ella era la mas bella,.y reluciente…
Pero al cabo de dos días, sin la sombra que le daba el pino, el sol la empezó a quemar y sus petalos se marchitaron…
Al cabo de cinco días, sin el agua que chupaba de las raíces del pino, se empezó a secar su tallo….
Y a los ocho días sin la proteccion del enorme tronco del pino, el viento la zarandeaba sin compasión….
Se había vuelto una rosa fea….
Y moribunda….
Y se arrepintió en lo mas profundo de su ser, de haber despreciado al pino…
Pero era ya su última noche de vida….
Y se durmió, ya esperando lo peor….
Al otro día, cuando se despertó, notó una ligera humedad en su seca raíz….
Una enorme sombra que la cubría..
Y algo estaba parando el viento…
Miró y vió al pino otra vez a su lado…
Poco a poco se fue recuperando y volvió a ser la rosa mas bella del bosque…
La rosa lloró unas gotas de perfume en el tronco del pino….
Fue su manera de darle las gracias….
Y le dijo que jamás se repetiría tal acto…
Bien pues el pino y la rosa siguieron juntos y felices para siempre….

MÍSTICA VILLA REAL DE LA CONCEPCIÓN.

“La sucursal del cielo”

Oh mística Perla del Norte, cuna de renombrados poetas y heroicos libertadores que forjaron el divino legado indiscutible que rebrota en la memoria de sus hijos pródigos sedientos de libertad.
La llama flamea incesantemente en la aurora y en el ocaso, alumbrando a los déspotas de antaño, a aquellos héroes que enalzaron la valentía marcial de un pueblo.
Eres la verdadera madre de ciudades y en tu seno glorioso están selladas las letras doradas de triunfantes hazañas, que describen la historia de un patrimonio inmortal.

LA ÚLTIMA CANCIÓN DE BILBO.

“La última canción de Bilbo (título original inglés: Bilbo’s Last Song) es un poema del escritor británico J. R. R. Tolkien.”

Me siento junto al fuego y pienso
en todo lo que he visto,
en flores salvajes y las mariposas
de veranos que ya han sido.

En verdes hojas y telarañas
de otoños ya bien pasados,
con rocío temprano y con sol plateado
y viento entre mis cabellos.

Me siento junto al fuego y pienso
como el mundo podrá ser,
cuando llegue el invierno sin primavera,
el cual nunca podré ver.

Pues aún existen tantas cosas
que yo jamás he sentido:
en cada bosque y primavera
se esconde un verde distinto.

Me siento junto al fuego y pienso
en la gente que ya fue,
y en gente que verá un mañana
que ya nunca yo veré.

Pero mientras sentado, pienso
en tiempos de otras eras,
espero escuchar pasos que regresan
y voces a mi puerta.

UN VERDADERO CABALLERO.

“La máxima victoria es la que se gana sobre uno mismo”

“No se llama uno Caballero porque es en sangre limpio, en potencia grande, en joyas rico y en vasallos poderoso; porque todas éstas cosas en un mercader se suelen hallar.
Lo que al Caballero le hace ser Caballero es ser medido en el hablar, largo en el dar, sobrio y honesto en el vivir, tierno en el perdonar y animoso en el pelear”

LA CABRA MONTÉS.

Imagina a la cabra montés, tímida pero robusta y de pisada firme, que pasa cuidadosamente de un risco a otro, con confianza y tesón, que se las apaña para encontrar suficiente alimento en las matas de pastos ralos, y que incluso traga cartón y mastica latas cuando es necesario. Nada puede frenar su marcha lenta pero segura hacia la cumbre de la verdad, la sabiduría y la justicia que la convoca desde lo alto.

QUERER UN PERRO.

Querer un perro no implica solo escoger cuál te gusta más por sus cualidades físicas o de “raza”, querer un perro tambien implica darte cuenta de que lo invitarás a compartir tu vida, tu casa, tu espacio y que él también tiene necesidades y muchas veces no cumplirá tus expectativas.
Querer un perro es estar dispuesto a amarlo en las buenas y en las malas, de cachorro, de adulto o de abuelo, amarlo cuando ladra y tenerle paciencia porque algo quiere decirte.
Quererlo cuando muerda las paredes y el sillón, cuando corra y no te haga caso porque está expresando su naturaleza libre y juguetona. Llevarlo al médico porque está enfermo o se lastimó.
Darle alimento digno y no “lo que sobra” sino lo que realmente puedes ofrecerle. Entender que un perro tiene gustos y disgustos y que lo que tu esperabas de él puede no ser compatible con quien en realidad es.
Querer un perro no es cuestión de querer ni desear, ni añorar ni soñar.
Querer un perro es entender que no tendrás solo “un perro”, que no es una cosa ni propiedad, sino un individuo único que coexiste y comparte la vida contigo con voluntad y su propia misión que cumplir.
Querer un perro es dejar de hablar de querer para realmente aprender a amar…
Querer a un perro es observarlo, tomarlo en cuenta, dejarlo decidir, dejarlo crecer, dejarlo expresarse, dejarlo plasmar su huella canina en este mundo.
Querer a un perro es reconocer que pertenece a una especie animal distinta a la tuya y como tal tiene necesidades diferentes y específicas: como correr al aire libre, olfatear todo a su paso, explorar el mundo, jugar y conocer a otros perros.
Tendrá miedos, inseguridades, enojos, frustraciones, alegrías, preferencias, amistades, tristezas, pérdidas, dolor, sueño, hambre, gozo, emoción por despertar a tu lado cada día, agradecimiento y amor… mucho amor.
Querer a un perro es comprometerte con todos los días de su vida pues dependerá de ti y tú eres lo único que tiene.
Querer a un perro es estar dispuesto a descubrir y aceptar las lecciones que te ha venido a enseñar, porque si amas a un perro ya sabes que fue él quien se organizó para llegar hasta ti para ayudarte a reconectarte con la vida, con el presente, con el sol, la luna y las estrellas, con las plantas, con el cielo, con el aire y las montañas pero sobre todo… ayudarte a reconectarte el corazón.

EL AMAZONAS.

“Quien cuida la naturaleza, la naturaleza le cuida”

El amazonas esta en peligro por el gran incendio de hace días, nos unimos al dolor que esto genera a la madre naturaleza y al mundo entero, por la perdida de la fauna, flora y pueblos originarios de la zona.
No nos queda más que reflexionar y hacer conciencia de cuidar este planeta desde el lugar en el que nos encontremos, cuidando de no hacer fuego en lugares con peligro de incendio, no arrojar colillas de cigarrillo, no tirar basura en los bosques de ningun tipo en especial el vidrio que pueda generar un fuego, para que este tipo de accidentes sea cada vez menor.
Disfrutemos con conciencia y respeto de las maravillas de este planeta, amemoslo y cuidemoslo.

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